Mujeres

¿Quién soy hoy?

Durante años viví mirando hacia atrás.

Por mucho tiempo intenté entender quién había sido. Buscar respuestas en mi infancia, en mis heridas, en las decisiones que tomé y en las que no me atreví a tomar.

Redacción
Redacción

31 de julio de 2026

¿Quién soy hoy?

Durante años viví mirando hacia atrás.

¿Quién fui? ¿Qué perdí? ¿Dónde me rompí? ¿Quién era antes del divorcio? ¿Antes de emigrar? ¿Antes de tener hijos? ¿Antes de aquella relación?

Por mucho tiempo intenté entender quién había sido. Buscar respuestas en mi infancia, en mis heridas, en las decisiones que tomé y en las que no me atreví a tomar. Y no digo que ese ejercicio no sea importante. Lo es.

Hasta que algo me hizo verlo diferente.

Hace unos días, una gran amiga me envió por WhatsApp un audio de uno de los programas de radio que hice durante años en Venezuela junto a Ana María Simón. Se llamaba Un Mundo Perfecto. Sí, ironía pura.

El mensaje decía: "No puedo con la risa. Escuchar esto me hizo sentir camino a mi casa todas las tardes." Me conmovió. Pensé que me estaba regalando un recuerdo. Y, sin saberlo, terminó regalándome una reflexión mucho más grande.

Lo puse con la emoción de quien va a reencontrarse con una vieja amiga. Pero eso no fue lo que pasó.

Escuché esa voz reír, improvisar, jugar al aire y, aunque sabía perfectamente que era la mía, sentía una distancia enorme. Esa mujer hablaba distinto. Pensaba distinto. Reaccionaba distinto.

Me sorprendió descubrir lo lejos que estaba de esa mujer.

Esperaba extrañar a esa Erika. Pero no la extrañé.

Durante mucho tiempo pensé que reinventarse era cambiar cosas de afuera. De carrera. De país. De pareja. Que si movías suficientes piezas externas, eventualmente te convertirías en alguien diferente.

Hoy creo exactamente lo contrario.

Reinventarse no es convertirse en alguien diferente. Es integrar. Es dejar de pelearte con las mujeres que has sido y empezar a agradecerles. Es honrar a la que sobrevivió cuando no sabía cómo hacerlo. A la que tomó decisiones desde el miedo porque todavía no conocía otra manera. A la que se equivocó más veces de las que le hubiera gustado, pero nunca dejó de seguir adelante.

Nunca imaginé que emigrar iba a cambiar tanto mi vida. Creí que solo estaba cambiando de país, de trabajo y de rutina. No sabía que estaba entrando en la transformación más profunda de mi existencia. Y fue justamente en medio de ese camino donde nació En Defensa Propia.

Yo pensaba que estaba creando un podcast. Hoy entiendo que el podcast también me estaba creando a mí.

Conversación tras conversación, invitado tras invitado, las preguntas siempre terminaban regresando a mí.

Fue ahí donde comprendí algo que no esperaba: muchas veces creemos que crecer es acumular. Más títulos. Más logros. Más reconocimiento. Pero crecer, de verdad, significa volver sobre tus pasos y recoger todas las partes de ti que fuiste dejando abandonadas para llegar hasta aquí.

La curiosidad que perdiste viviendo en automático.

La sensibilidad que escondiste para parecer fuerte.

La mujer que dejó de jugar porque alguien le hizo creer que crecer era ponerse seria.

En nombre del éxito fuimos dejando pedazos nuestros regados por el camino. Y después nos preguntamos por qué ya no nos sentimos completas.

Hoy, cuando pienso en ese audio, ya no siento ganas de volver a ser esa mujer.

Siento gratitud.

Ella hizo su trabajo. Todas lo hicieron. Y todas me trajeron hasta aquí.

La reinvención no consiste en inventar una mejor versión de ti. Consiste en darle un lugar a todas las mujeres que has sido. En reconocer que todas siguen viviendo dentro de ti y que ninguna sobra.

Y desde ahí, convertirte en una mujer más honesta. Más auténtica. Más íntegra.

Por eso la pregunta ya no es quién fui.

La pregunta es:

¿Quién soy hoy?

Porque quién eres nunca está terminado. Es la suma de todas las mujeres que has sido y de todas las que todavía te falta por conocer.

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