Mujeres

Límites amorosos

Cómo relacionarte sin perderte

Nadie inicia una relación, de amistad, de pareja, laboral o familiar, pensando: aquí vengo a perderme a mí misma, a olvidarme de mí. Al contrario. Nos vinculamos desde la idea de que ese encuentro será algo bueno para nosotros.

María José González Alonso
María José González Alonso

10 de febrero de 2026

Límites amorosos

El problema no está en relacionarnos ni en abrirnos al otro sino en cómo podemos ir soltándonos a nosotras mismas sin darnos cuenta, cuando no somos conscientes del autocuidado y de los límites dentro del vínculo.

Hay una frase que me gusta mucho que dice:

“Tenemos la pareja para la que nos alcanzó”.

Se refiere a que la calidad de nuestros vínculos refleja, en gran medida, cómo anda nuestra autoestima y el valor que nos damos a nosotras mismas.

Cuando no estamos del todo bien en lo individual y nos relacionamos sin tener claros nuestros “sí’s” y nuestros “no’s” que son no negociables, empezamos a perdernos lentamente. Y lo grave del asunto es que no ocurre de golpe. Va sucediendo sin aviso.

Un día te descubres explicándote de más o dejando pasar algo que sí te molestó. Otro, evitando pedir lo que necesitas por miedo a incomodar.

Y cuando te das cuenta, estás filtrando lo que dices para no generar “problemas”.

El tema es que eso también es un problema, solo que silencioso… y muchas veces socialmente aplaudido.

“Es que eres súper relajada.” “Me encanta que nunca te enojas.” “Amo que a todo dices que sí.”“Me encanta que nunca te enojas.” “Amo que a todo dices que sí.”

Ese tipo de refuerzos sociales suelen aparecer cuando no ponemos límites. El costo es que, por tener contentos a los demás, nos dejamos a nosotras mismas en segundo plano.

Los límites amorosos no siempre se expresan como peleas o grandes discursos. No son ultimátums ni escenas dramáticas. Tampoco debemos confundir el término “amoroso” con algo suave, cursi o con la intención de que “nadie se enoje”. Los límites son decisiones contundentes y cotidianas. Pequeños momentos en los que usas tu brújula interna para preguntarte:

  • ¿Cómo me siento con esto?
  • ¿Esto sí lo quiero?
  • ¿Esto me está costando de más?

Y, desde ahí, expresarlo con claridad.

Empezar a poner límites trae ganancias enormes, como libertad y congruencia contigo misma. Sin embargo, también puede generar incomodidad en quienes te rodean porque cambia la dinámica de la relación.

Y sí, eso mueve cosas. A veces genera distancia. A veces conflicto. A veces revela verdades que preferíamos no ver.

Porque hay relaciones que funcionan muy bien… mientras tú aceptes todo y no exijas nada.

Por eso, los límites son un filtro increíble que, aunque al principio puede doler, nos muestra quiénes se relacionaban con nosotros desde la autenticidad y quiénes solo lo hacían en beneficio de sus propios intereses. Quien se queda cuando dejas de ceder en todo, suele estar contigo por las razones correctas.

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  • Te cuesta decir que no
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