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Alejandra Moreno

Hace algunas semanas ví el video de “la mini ciudad” en el que un guía le planteaba a los niños que jugarían a “ser grandes” y les preguntó: “¿quién quiere ser científico?, ¿quién quiere ser piloto?, ¿quién quiere ser juez?” Los niños y las niñas levantaban la mano y él les respondía a las niñas que querían ser piloto: “tú no, porque eres mujer. Serás azafata.”

Ante la escena; los niños y sus papás mostraron total desconcierto y asombro. Entonces el guía comentó: “lo que acaba de suceder no es un error; es la realidad que vivimos. Las oportunidades para las niñas y los niños de nuestro país están condicionadas por su género.”

Este tipo de reacciones nos duelen. Son como una cubeta de agua fría y nos parece increíble que en pleno 2018 sigan sucediendo. Pero, ¿qué pasaría si estos prejuicios y paradigmas sobre el rol de hombres y mujeres en el trabajo, familia o sociedad no existieran?, ¿qué pasaría si cada persona pudiera desarrollarse en el ámbito que es mejor y hace florecer su talento?

Ante este panorama, es importante mirar la realidad laboral desde la perspectiva de las gafas violeta. Esta metáfora alude a ver el mundo con igualdad de género para lograr  la inclusión de las mujeres en la empresa, sociedad y familia. En este sentido el color violeta representa una mezcla entre lo femenino y lo masculino. Es la unión de ambos significados que muchas veces se perciben como contrarios.

Entonces resulta relevante hacer la pregunta: ¿Hombres y mujeres son contrarios o complementarios? Lo normal, en un contexto tradicional en el que estamos inmersos culturalmente, es asignar roles estáticos a partir de los que podríamos responder que mujeres y hombres son opuestos.

Vemos esto en diversas actitudes o comportamientos que las personas expresan  en varias esferas de la vida. Por ejemplo. Si un hombre decide dedicarse al cuidado de sus hijos es mal visto porque “lo normal” es que sea el director de una empresa y genere dinero para que su familia viva bien. De igual forma, si una mujer decide trabajar y dejar a su familia, hay quienes la satanizan porque está desempeñando un rol que le tocaría a un hombre.

stayhome dad

Algunas personas sufren por ser diferentes y deciden salirse de estos roles, pero la presión por ser aceptados y pertenecer, hace más compleja la ecuación y prefieren regresar a ser “normales”.

Cuando hablamos de adultos en contextos profesionales, nos hemos acostumbrado a dejarlo pasar. Sin embargo, cuando se trata del sueño de niñas y niños que imaginan su vida adulta y escuchamos que la cultura (en boca de un guía, en el caso del video) les responde que no pueden ser tal o cual cosa porque no le corresponde a “lo normal”, vale la pena hacer un esfuerzo por mirar a través de las gafas violeta y redefinir la normalidad como la libertad de cada persona para decidir su futuro sin miedo a ser juzgada.

Con este enfoque podemos transformar esta oposición de géneros en la voluntad de compartir y aprovechar la riqueza que cada persona aporta en un entorno laboral, personal o familiar. Porque mujeres y hombres somos complementarios y ambos queremos un entorno que nos permita realizarnos en lo personal y profesional.

Todos nos encontramos ante el reto de dibujar a las mujeres y a los hombres del futuro para lograr un mundo más amigable, alejado de estereotipos referentes al género que han provocado la desigualdad entre mujeres y hombres.

Es necesario atrevernos a cambiar  y tener comportamientos incluyentes que a través de las gafas violeta nos permitan ver el valor de cada persona sin importar su género, sexo, generación, preferencia sexual u otra identidad.

De esta forma nos daremos cuenta que el cambio se está generando cuando de manera genuina nos interesemos por la esencia de la gente y al educar a los niños les demos la oportunidad de elegir la carrera en donde exploten sus talentos, sin importar que desempeñe o no “lo que le toca” por ser hombre o por ser mujer.

Para más información acerca de estos temas sígueme en: www.linkedin.com/in/alemorenomaya