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Isabel Rojo

Especialista en Comunicación y Psicoanálisis

Es paradójico, pero en mi vida adulta, cuando siento que el aire se hace piedra dentro de mis pulmones y no puedo más, encuentro la fortaleza en la debilidad de la infancia. De pronto, en mi cabeza aparece la figura de mi papá cargándome sobre sus hombros y acercándome a las copas de los árboles para tomar aire y distancia. “Respira, todo va a estar bien”.

A veces, cuando las cosas se ponen difíciles, estamos tan preocupadas en ser heroínas autosuficientes que nos olvidamos de la importancia que tuvo en la infancia haber sido princesas y experimentar el cariño, la contención y la fantasía de que nada malo puede pasarnos. Porque sí hubo un príncipe azul que, en las buenas y en las malas, cuidó nuestras espaldas: nuestro papá.

bailando con papá

Esa persona que escuchó pacientemente nuestras grandes ideas, creyó en nosotros y nos aseguró que podríamos ser quien quisiéramos. Esa persona que nos enseñó una ley distinta a la materna, que nos compartió su particular estilo de ver el mundo en que habitan los tacos al pastor, el parque, los libros, los curitas que tapan los raspones. A esa persona hoy tenemos que decirle: muchas gracias por ayudarnos a crecer.

Tal vez esta función paterna no la hizo para todos un padre biológico. Tal vez fue un abuelo o una abuela, un tío o tal vez nuestra propia madre en su papel doble de madre-padre. Tal vez esta función la tuvieron varias personas a la vez. Lo importante es que ese “papá” nos introdujo al mundo y nos mostró los límites y las estructuras con las que construimos el marco de pensamiento (grande o chiquito) con el que iniciamos el recorrido de la vida adulta.

Si eres esa persona para alguien o si tienes hijas, piensa que tu cariño y tu apoyo son la primera y más importante herramienta de empoderamiento que puedes ofrecerles. No solo para las cosas divertidas de la vida, también para las difíciles, las que duelen y nos confrontan con la realidad, en donde parece que el peso de los estereotipos nos aplastan.

papa e hija

Recuerda que el lugar que le des será el espacio que ella habitará y con el que llenará cada escenario como una heroína. El cariño que le des será el cuidado que tendrá de ella misma para que nadie más deba hacerlo. Las experiencias que compartas serán las herramientas mentales y emocionales sobre las que construirá su futuro.

A todas esas personas, sin importar su género o la etiqueta que se quieran dar, sin importar la cantidad, pero sí la calidad en la horas de atención que le dan a sus princesas, de todo corazón, ¡muchas felicidades!