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Karla Paniagua

−Deberíamos tener un par de macetas aquí, me dijo Fernando hace tres años.  En un principio no entendí la idea, ¿qué caso tenía poner dos plantas en la azotea de nuestra casa? El lugar era de difícil acceso, rara vez subíamos.

¿Cómo transformamos este sitio en un lugar en el que den ganas de pasar el rato? Nos preguntamos. Hicimos un boceto y unas semanas más tarde la obra se puso en marcha. Construimos una pérgola con sillas Acapulco, habilitamos una zona para hacer carnita asada y lo más importante: nos hicimos de muchas macetas con sus respectivas plantas para habilitar un huerto.

Desde entonces, el huerto ha crecido y cambiado, resistido la lluvia ácida, la ceniza del Popo, la contaminación y el ataque de muchos depredadores. Hemos tenido éxito con algunos cultivos y con otros no. Hemos tenido buenas y malas temporadas. Sé cuando llega la primavera con independencia del calendario porque las flores de la terraza me lo hacen saber.

Les compartiré algunas lecciones que he aprendido cultivando el huerto. Quizás no seré tan elocuente como Chance, el jardinero de la polémica novela de Jerzy Kosinski Desde el jardín, ¡pero haré mi mejor esfuerzo!

 

reverdecer

En el huerto cada quien tiene su función y sus responsabilidades. Yo siembro, cosecho y detecto plagas. Mi esposo fertiliza, realiza las labores de mantenimiento estructural, fumiga y mata las plagas (cultivamos orgánico, muchos de los bichos se combaten a mano o lavando cada hoja con agua jabonosa y ajo).  En el primer año me di cuenta de cómo me he acostumbrado a las recompensas rápidas: sufrí cada día viendo crecer la primera mandarina, me mataban las ansias por cortarla. A veces me falla el tino y cosecho antes de tiempo, lo cual también me sucede en otros ámbitos de la vida. La lección es que puedes añadir fertilizantes o bioestimulantes a la tierra, pero cada flor, cada fruto por el que vale la pena esperar, se tomará su tiempo y llegará cuando sea preciso.

 

  • Cada planta tiene su depredador

plagas

Las mosquitas blancas atacan a los jitomates. Las chinches algodonosas a los chiles manzanos. Las babosas devoran las acelgas y las lechugas.  El eneldo suele ser atacado por las orugas de la mariposa Swalloltail, que tienen gustos impecables porque sólo se alimentan de esa hierba. En fechas recientes descubrimos con horror a una familia de insectos que parecían de otro planeta departiendo en el aguacate y así sucesivamente. Cada planta tiene su contraparte. Esto me recuerda el siguiente principio de Genrich Altshuller que siempre conviene tener presente: cada mejora trae consigo efectos indeseables.

 

resilencia invierno

Más de una vez he dado por muerta a una planta que se ha quedado sin hojas, vencida por el invierno. Fernando suele decirme: “espera, dale su tiempo” y casi en todas las ocasiones, las hojitas vuelven a brotar unos días más tarde. Tengo un brócoli que ha sobrevivido a todos los ataques posibles y sigue reverdeciendo, dándome una lección de cómo sobreponerse a la adversidad. “Cada cosa en su instinto es insistente”, escribe Cristina Peri Rossi, y mi jardín da cuenta de ello.

Por qué tener un huerto urbano

Más allá de toda metáfora útil, nuestra Ciudad (y nuestro país) cuenta con muchos espacios en los que se puede habilitar un pequeño huerto, que requerirá trabajo pero también producirá muchas satisfacciones. Para quienes tienen hijos será una fuente permanente de conocimiento y emoción cuando los frutos pueden cosecharse y, sin lugar a duda, los alimentos que uno ha cultivado, cuidado y cosechado con sus propias manos, saben mejor.

El jardín me ha hecho apreciar más el trabajo que cada día realizan las personas que laboran en el campo para que nosotros, cómodamente, podamos elegir entre una variedad de  frutas y vegetales frescos sin mayor esfuerzo. También me brinda satisfacción ver cómo apenas unas cuantas macetas con plantas se convierten de manera inmediata en un polo de atracción de la vida: las abejas, las mantis religiosas, las catarinas, los pájaros nos visitan.

Puede ser un esfuerzo pequeño, pero si cada día somos más, haremos una diferencia en la temperatura y la humedad ambiental y en la conservación de las especies a las que debemos nuestra existencia.

Tengo dos trabajos y viajo de manera constante todo el año: Tú también puedes tener un huerto en casa, no necesitas más que un pequeño espacio con luz solar y ganas para concretarlo, ¿qué esperas?

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Acerca de la autora:

Karla Paniagua Ramírez es Doctora en estudios transdisciplinarios de la cultura y la comunicación (ICONOS), Maestra en antropología social (CIESAS) y comunicóloga (UAM-X). Es coordinadora de estudios de futuro, editora en jefe de la revista Economía Creativa y directora de la especialidad en Diseño del mañana en Centro de diseño, cine y televisión. Autora de 3 libro, artículos y columnas, su trabajo se ha publicado en Nexos, Tierra adentro, El universo del búho, Ichan Tecolotl, entre otras publicaciones.

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