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El burnout pandémico 'quema' a las mexicanas, pero renunciar es casi un lujo


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Foto: Gerd Altmann/ Pixabay

El agotamiento crónico está generando 'La Gran Renuncia' en Estados Unidos; en México, el escenario es distinto.

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CIUDAD DE MÉXICO. Rosario siempre se siente cansada, aunque duerma por horas; Adriana sueña que está trabajando; Martha tiene una sensación de ahogo y ha subido de peso en los últimos meses. Todas tienen en común sentir que están en una situación de burnout o estrés laboral crónico.

La Organización Mundial de la Salud identifica el burnout como un síndrome que se deriva del estrés crónico en el lugar de trabajo y se asocia con agotamiento mental, emocional y físico. Está ya reconocido como una enfermedad desde 2019; pero su diagnóstico y tratamiento comenzarán en 2022. Por esa razón no existe data oficial consolidada a nivel global o por países acerca de este padecimiento que comienza a ser considerado otra pandemia que ha traído consigo la crisis sanitaria por el virus de COVID-19.

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La encuesta Estrés Laboral en México 2021, realizada por la Asociación Mexicana de Internet muestra que del total de mujeres encuestadas, 65% han experimentado estrés laboral en los últimos dos años, mientras que en los hombres la proporción es de 61 por ciento. Y el problema es mayor entre las mujeres de 30 a 49 años, pues el dato se eleva a 67 por ciento. Por otra parte, en lo que se refiere a estrés laboral crónico, 26 de las mujeres dijeron padecerlo contra 20% de hombres que mencionaron lo mismo.

Entre las principales causas de este estrés son: falta de control sobre los métodos de trabajo, el ritmo de trabajo, el horario y entorno laboral; exceso o escasez de trabajo; un mal liderazgo, y jornadas de trabajo muy largas y fuera de lo establecido.

El 53% reporta impactos físicos y 54%, psicológicos; los más mencionados son: dolores de cabeza; gastritis; colitis; cansancio constante y prolongado, así como angustia e irritabilidad; ansiedad; falta de motivación; insomnio; depresión y falta de concentración.

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El Instituto Nacional de Salud Pública de Organización Mundial de la Salud estima que entre 21 y 32% de casos de hipertensión en América Latina están relacionados con altas exigencias laborales y bajo control. También indica que las personas con trabajos demandantes y poco control sobre ellos tienen 58% más probabilidades de sufrir una isquemia y 22% más de hemorragia cerebral.

Datos de Estados Unidos, arrojados por estudio Women in the Workplace 2021 realizado por la consultora McKinsey & Company en colaboración con Lean In, revelan una situación similar en aquel país, donde 42% de las mujeres participantes de la investigación dicen que se han "quemado" a menudo o casi siempre en 2021, en comparación con 32% que lo comentó en el estudio de 2020. En hombres esa proporción es de 35% contra 28 por ciento.

Hosanna Rodríguez Morales, presidenta de la Federación Nacional de Salud en el Trabajo AC (Fenastac), señaló para Dalia Empower que el incremento de burnout entre las mujeres se debe a la doble y hasta triple jornada de trabajo que se disparó durante la pandemia debido a que aumentaron las labores -no remuneradas- de cuidados de menores, de personas enfermas y del hogar.

“Las mujeres que tienen que hacer teletrabajo o home office, como lo llaman, pues es una doble jornada porque prácticamente están en su casa al cuidado del hogar, pero también al cuidado de su trabajo, y se aumenta un poquito la carga de trabajo en las áreas presenciales en las empresas y obviamente esto trae repercusiones importantes en la salud, y sobre todo en las mujeres”, pues en ellas se deja aún casi toda la responsabilidad de esas tareas domésticas y familiares, indicó a News+Media, la plataforma de noticias e información de Dalia Empower.

La más reciente Encuesta Nacional de Uso de Tiempo del INEGI revela que las mujeres trabajan 50.4 horas no remuneradas en el hogar, mientras que los hombres lo hacen solo 19.6 horas. Esto significa que ellas trabajan 7.2 horas diarias más, es decir, otra jornada laboral.

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Exhaustas y sin poder parar

Rosario, Martha y Adriana hablaron con News+Media sobre sus jornadas laborales y el impacto que les han dejado. Sus nombres no son los reales; fueron cambiados a petición de ellas mismas para evitar un conflicto con sus empleadores, pero sus síntomas y vivencias sí son reales.

Rosario trabaja desde casa desde que inició la pandemia. Las 24 horas de cada día la dedica a atender los pedidos de sus clientes y atender a su niña de cinco años. La infante ya cursa preescolar en esquema presencial y eso le ha dejado unas cuantas horas sola para atender sus asuntos laborales. No obstante, la crianza sigue bajo su entera responsabilidad.

“Como la analogía de la ranita en la olla, cuya temperatura está subiendo; en este momento me siento rebasada, cansada, pero tampoco con la posibilidad de parar […] puedo tener mi trabajo en casa, pero eso pone un doble proceso porque toda mi actividad económica se da en casa y eso implica no poderse despegar un solo momento de lo que sucede en el hogar; tengo que ver documentos, juntas, aquí en casa y tengo una niña chiquita de cinco años al mismo tiempo que trabajo”, contó.

Las clases presenciales o híbridas tampoco ayudarán a las madres trabajadoras a disminuir sus niveles de estrés y agotamiento tras 19 meses de pandemia como se busca asegurar hoy, afirmó la psicóloga Sahory Calderón Mata para Dalia. “No hay menor estrés porque a pesar de que no están presencialmente en su casa, todavía tienen que encargarse de muchas cosas, preparar útiles para la escuela, asesorar en tareas, traslados. A lo mejor ya no están todo el día en casa, pero todavía tienen que cubrir otras actividades y entonces tienen que hacerse espacio para cumplir con todo, con su trabajo remunerado, con la crianza, con la casa”, mencionó.

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La Gran Renuncia

Martha ha pensado en renunciar a su empleo; de hecho ya está buscando otro trabajo. El estrés que le provoca la organización donde se encuentra le ha sobrepasado. Pensó que mudarse al campo mejoraría la situación. Lo hizo, pero no resultó cómo esperaba. “He dicho: 'Necesito jubilarme de mi trabajo y de la maternidad'”, dice entre risas.

“Lo que ganaba no me alcanza para nada. Lo he hablado, no tan abiertamente; sin embargo sí estoy buscando otro empleo. Necesito un empleo que me devuelva la pasión, que me guste, y eso ya no lo tengo”, aseguró.

En Estados Unidos, en lo que va del año se han registrado cifras históricas de renuncias. El fenómeno es de tal magnitud que ya se le conoce como 'La Gran Renuncia'. De acuerdo con reportes oficiales, tan solo en abril pasado renunciaron 4 millones de personas. El acumulado a septiembre es de 15 millones de personas que han dimitido, mientras que para ese mismo mes había un récord de 10.4 millones de vacantes. Y una de las principales causas, de acuerdo con algunos estudios, es el agotamiento que existe y la necesidad de trabajos flexibles.

El reporte de McKinsey & Company, Women in the Workplace 2021, señala que 1 de cada 3 mujeres dice que ha considerado reducir su carrera o dejar la fuerza laboral este año, en comparación con 1 de cada 4 que dijo eso a unos meses de iniciada la crisis sanitaria. Además, 4 de cada 10 mujeres han considerado dejar su empresa o cambiar de trabajo.

No obstante, señala McKinsey, pocas empresas han estado analizando las causas de ello y en su lugar solo están activando soluciones rápidas como aumentar salarios u ofrecer bonificaciones sin fortalecer las relaciones con las personas y satisfacer sus necesidades reales.

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¿El bolsillo o el burnout?

A Martha les gustaría eso: simplemente renunciar; sin embargo, la falta de recursos económicos es un impedimento. En ese sentido, los datos de empleo muestran un panorama distinto al del país del norte. Tan solo durante el primer trimestre de este año, 566 mil 153 personas abandonaron su trabajo; menos que las 831 mil 875 que lo hicieron en 2020 o las 783 mil 962 en 2019, de acuerdo con datos del Inegi.

De las 566 mil 153 personas que renunciaron en ese periodo, 51.1% fueron mujeres y 48.8% fueron hombres. La principal causa por la que ellas mujeres abandonaron su empleo fue que sintieron que las condiciones laborales se habían deteriorado o implicaban riesgos para la salud. El segundo lugar de motivos fue que buscaban ganar más y/o superarse en el trabajo. En contraste, la principal causa mencionada entre los hombres fue que deseaban ganar más o superarse; las condiciones laborales ocuparon el tercer puesto como factor detonante. Todo esto deja claro que el nivel de renuncias en el país es enormemente menor que en Estados Unidos y está lejos de una 'Gran Renuncia'.

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Hosanna Rodríguez, presidenta de la Federación Nacional de Salud en el Trabajo, señaló que, a pesar de encontrarse en burnout, las mujeres prefieren continuar o se ven obligadas a continuar con su trabajo, porque las oportunidades laborales han disminuido y la situación económica es difícil a raíz de la pandemia.

Según la encuesta de la Asociación Mexicana de Internet, la mitad de los entrevistados dijo que su estrés aumentó por el temor a perder su empleo. Entre las personas mayores de 50 años, el principal detonante de estrés laboral es la preocupación por la pérdida de empleo (24%). Aunque entre las personas más jóvenes los factores más mencionados son la falta de control (49%) y el exceso o escasez de empleo (51%).

Por su parte, el termómetro laboral de la plataforma digital de empleo OCC, a septiembre de 2021, menciona que 50% de las personas sufre estrés laboral por temor a perder su trabajo; 42% tiene miedo de contagiarse en las instalaciones y 34% está preocupada por obtener ingresos extra durante la pandemia.

La raíz de ese miedo se encontraría en los bajos ingresos y la pobreza del país. Cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) plantean que la población mexicana en pobreza aumentó 2 puntos porcentuales entre 2018 y 2020, de 41.9% a 43.9 por ciento. Es decir, hoy viven 55.7 millones de personas en esa condición.

La cantidad de mujeres en situación de pobreza y pobreza extrema es mayor a la de hombres, pues 44.4% de la población femenina vivía en ese contexto en 2020, es decir, 1.8 puntos porcentuales más que dos años antes. Se trata de 29.1 millones de mujeres. Entre la población masculina, 43.4% se encuentra en esa condición, equivalente a 26.6 millones de ellos.

En cuanto al nivel de ingresos suficiente para tener una vida digna, un reporte de 2020 del Centro de Estudios Espinosa Yglesias señala que para que una pareja con dos hijos o hijas de 3-4 y 5-11 años pueda tener una vida digna, su estándar de ingreso mínimo debe ser de 27,198 pesos por quincena en la Ciudad de México y de 25,448 pesos en otras ciudades grandes del país.

En contraste, solo 2% de las 55.6 millones de personas que tienen una ocupación en el país ganan más de 21,255 pesos mensuales. Eso representa 1 millón 327 mil 484 trabajadores. De ellos, apenas 388,193 son mujeres, según el Inegi.

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Ellas tienen que hablar...

Rosario es una profesionista independiente que debe responder ante varios clientes, pero aunque siente que está “quemada” no puede decirle a ninguno, pues teme que le retiren los proyectos y, por lo tanto, su ingreso.

“A los clientes nunca les he comentado que estoy cansada o que tengo cosas de mi hija o lo que sea; eso es como una cosa que mantengo al margen […] Las mujeres tenemos como esta sobreexigencia y, entonces, nunca hablamos o nunca ponemos lo que sentimos nosotras [por temor a que digan] que son pretextos para no entregar; siempre tenemos que cumplir”, contó. Hoy siempre está cansada, duerme sin descansar, padece dolor físico, sobre todo en piernas, que no se quita con nada, y vive en ansiedad constante.

Adriana, por su parte, es directora ejecutiva de una empresa y tiene tanto trabajo que su horario de 11 de la mañana a 8 de la noche es una ilusión; nunca se cumple. Aun mucho después de su horario oficial de cierre, debe revisar correos y terminar pendientes. “De nosotras depende el trabajo de otras personas, y si nosotras lo hacemos mal, la gente lo resiente y tenemos que tener la súper actitud porque, si no, ellos se van a sentir mal porque ellos también están muy cansados”, dijo. Su jefa sabe de su situación, pero se encuentra igual que ella.

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¿Las empresas escuchan?

El termómetro laboral de OCC expone que únicamente 32% de las empresas encuestadas tiene iniciativas para escuchar al personal y conocer su estado de ánimo y desempeño. Esas iniciativas son sesiones de retroalimentación frecuentes (43%), encuestas internas sobre el ambiente laboral (32%) y la medición de metas de forma semanal y mensual para generar interacción en los equipos (29%).

La empresa en que labora Adriana ha implementado algunos cursos y talleres para aprender a lidiar con el estrés, pero le han sido insuficientes. Continúa teniendo migrañas, problemas para dormir o pesadillas en las cuales sigue laborando para sacar los pendientes que se han acumulado ante la sobrecarga de trabajo. Ha intentado realizar varias actividades para desconectar y manejar el estrés como cuidar plantas o estudiar un idioma; sin embargo, lo que necesita es claro para ella: dormir y descansar realmente.

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Martha creyó que mudándose a un Pueblo Mágico (un pueblo denominado de manera turística así en México por haber conservado su autenticidad e historia) podría aliviar su burnout pero se equivocó. También hizo yoga, pero no logró hacerla un hábito. Su jefa, incluso, le pagó una 'limpia' (una práctica espiritual para alejar la mala energía, según creencias tradicionales en México) que tampoco funcionó.

Las empresas que realizan acciones para apoyar a sus empleados en la reducción y manejo del estrés no son la generalidad en el país. De acuerdo con 51% de los internautas encuestados por la Asociación Mexicana de Internet, sus empresas no llevan a cabo iniciativa alguna.

La psicóloga Sahory Calderón señaló, además, que en muchos casos las empresas están brindando atención al burnout, pero lo hacen trasladando la responsabilidad exclusivamente a la trabajadora o trabajador.

“Los están mandando a ponencias de burnout y demás, pero muy [en la línea de que es] es más culpa del trabajador o trabajadora que de las instituciones o de las empresas o jefes. Creo que más bien se han implementado herramientas a nivel individual; las personas son las que han estado tratando de buscar herramientas de mindfulness, tomar un taller, tomar incluso terapia psicológica, pero a nivel individual”, indicó.

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El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en la investigación Madres Trabajadores y Covid-19: Efectos de la Pandemia en Circunstancias de Teletrabajo en México, menciona que con la irrupción de la crisis sanitaria los centros de trabajo que implementaron las labores a distancia no contaban con políticas para regularlo. Las organizaciones y las personas se fueron adaptando, y las mismas mujeres han tenido que tratar de hallar su propia fórmula para salir adelante ante una doble o triple jornada laboral en casa.

“Pocas mujeres manifestaron que sus centros de trabajo han implementado medidas que las han favorecido”, destaca el estudio, basado en entrevistas a 57 mujeres, madres de hijos menores a los 12 años y con trabajo remunerado.

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Leyes en pausa

La revisión y cuidado del clima laboral y del bienestar de los empleados ya están contemplados en México como una obligación de las empresas. La Norma Oficial Mexicana (NOM) 035 entró en vigor en 2019 y plantea una serie de instrumentos para medir la situación de riesgos psicosociales en las empresas y de acciones al respecto. Es decir, medir los desencadenantes del estrés laboral, eliminarlos y atender a quienes tienen burnout.

La presidenta de la Federación Nacional de Salud en el Trabajo AC aseguró que cuando estaba por empezar a aplicarse la NOM, llegó la pandemia y algunas acciones quedaron inconclusas. Pero ahora es el mejor momento para retomarlas. Además, explicó que la NOM solo contemplaba los espacios de trabajo presenciales, pero con la Ley del Teletrabajo aprobada este año, se debe enriquecer y revisar todavía más. Dicha ley, incluye, por ejemplo, el derecho a la desconexión del empleado, es decir, a no contestar llamadas, correos, etcétera, fuera de su horario laboral.

Mientras tanto, Rosario retomó terapia para intentar sentirse mejor, pero sabiendo que poco puede cambiar, pues opciones como desconectarse en horarios en específico provocarán clientes enojados. Adriana sigue intentado mejorar a través de cursos de manejo holístico del estrés. Martha tomará terapia y ha decidido buscar otro trabajo; de hecho ya tiene entrevistas que le dan la esperanza de poder cambiar su situación.

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