Identity

Segundo año de paro 9M… Un balance no muy equilibrado


valla - Claudio Cruz AFP
Foto: Claudio Cruz / AFP

"Escribo esto en mi segundo año de 9M en modo avión, en paro pacífico desde casa". Una reflexión de Paulina Rensoli, experta en comunicación y reputación.

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Hace un año nos sumamos al paro nacional miles de mujeres en México. “Alzamos nuestra voz” en silencio y declaramos de esta forma, pacífica y tranquila, la inconformidad que tenemos con la situación que vivimos en el país.

Un año y una pandemia después, tiempo en el que hemos vivido los (casi) 365 más raros de la humanidad contemporánea, lamento compartir que el análisis de impacto y el balance sobre igualdad y seguridad en términos de género no ha sido el esperado... o más bien, no ha sido.

Palacio Nacional fue cercado para protegerlo de la marcha del 8 de marzo 2021 y aunque no me parece que se hubiera hecho, tampoco me parece que violentar la ciudad sea una manera sólida de hacer valer las voces de cualquier género en cualquier país.

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Sí reconozco la admirable reacción pacífica al colocar los nombres de tantas y tantas mujeres desaparecidas, pero también reconozco que el recinto estuvo más cuidado que las 10 mujeres que desaparecen al día en México.

Aún percibo mucho por hacer en esta lucha. Y me voy a referir a los pequeños cambios. A lo micro, a lo “invisible”, a lo que tenemos en nuestras manos y sí podemos hacer cada persona en el día a día.

Para empezar, el 8 de marzo no es un día para felicitar a las mujeres por ser mujeres. Se les agradece, pero es un día en el cual se conmemora y, se nos recuerda a hombres y mujeres, el camino ancho, largo y profundo que queda por delante para lograr igualdad de género y, desde mi perspectiva, para lograr seguridad en todos los aspectos para la mujer en México.

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Cuando me refiero a “lo mucho por hacer” no solo es a la esperada y nula empatía por parte del gobierno y a los múltiples cambios que faltan en cuanto a derechos humanos, sino al compromiso que dejé planteado hace un año en una colaboración en este mismo espacioa propósito también del 8 de marzo.

Ese compromiso es detectar, en el terreno personal, los micromachismos y la violencia aceptada que vivimos diariamente. Y aquí, queridas mujeres, entramos nosotras por igual.

¿Por qué normalizamos hablar de una mujer para bien o para mal? ¿Por qué criticarla, violentarla o burlarla por lo que hace o deja de hacer? Esto sucede de forma cotidiana en oficinas, en familia o entre amigos. Sin mencionar la cantidad de palabras o frases que de ninguna manera respetan a las mujeres y se disfrazan de “halagos”.

Me refiero a comentarios que cosifican a las mujeres y las violentan cuando caminan por la calle o cuando conducen su auto. ¿Dónde está la seguridad para no recibir insultos, chiflidos o gritos desagradables? No, no nos gusta que nos chiflen cuando caminamos por la calle, ni que nos truenen besos desagradables, o nos dejen pasar con el objetivo de vernos y gritarnos algo si vamos solas. NO, NO NOS GUSTA.

Nos gustaría caminar seguras, tranquilas, sin voltear para saber que todo va bien en nuestro entorno. Sin recibir miradas o palabras que nos hacen sentir como ganado y no como personas. ¿Las mujeres mandan besos, chiflan y gritan? No, ni si quiera nos atreveríamos por seguridad y respeto.

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Pero quiero ser equitativa y compartir el siguiente tema que me ha dado vueltas en la cabeza un tiempo. Y aquí es donde entramos 100% nosotras y ellos: todos.

Estos últimos (casi) 365 días de pandemia y encierro en caso, no he dejado de escuchar y leer mujeres (y hombres) que critican mujeres. Por su forma de ser, de hablar, de escribir, por el color del pelo o de piel, por su cuerpo, por cómo se visten, maquillan, por la forma en la que se expresan o gesticulan.

Si están flacas, si subieron de peso. Si están solteras: “es que algo debe de tener”. Si están casadas: “es que no trabaja”. Si tienen o no: “lo hacen bien o no”.

No dejamos de comentar y es alarmante. Me pregunto, ¿no se trataba de unirnos en silencio para tener igualdad, seguridad y no ser violentadas?

Por esto propongo de nuevo que tengamos un compromiso propio para no opinar de otras mujeres, respetarlas y respetar por igual a los hombres.

Creo firmemente en el balance y que ambos existen en respuesta a un equilibrio. Por eso creo que todos debemos observar las críticas aceptadas que hacemos hacia las mujeres para erradicarlas.

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#UnidasSomosMásFuertes no es un hashtag, es una realidad para que la vivamos, vibremos y dejemos de competir, de criticar; para darnos cuenta de que eso solo nos desgasta en la esfera personal y privada hasta la pública, y que no abona a la construcción de un nuevo futuro. Ahí, ganaremos más y construiremos caminos más sólidos.

Agradezco a quienes lucharon para tener los derechos y obligaciones que tengo hoy. Cuando pienso en este tema, no puedo obviar a los millones de mujeres que salieron a la calle, pelearon, lucharon, gritaron o murieron para que hoy pueda ser lo que soy, vivir como vivo y, sobre todo, ser libre y feliz.

Sin embargo, queda mucho por hacer. Creo que debemos mantener el compromiso y la convicción de observar micromachismos que tanto mujeres como hombres repetimos sin pensarlo. Para que las niñas de hoy, como la niña que fui, y todas las que vienen, vivan en un ambiente sano y seguro.

El compromiso es de todos porque no hay diversidad sin inclusión y no hay igualdad sin compromiso.

Reafirmo mi compromiso e invito a que, al menos, empecemos por observar con otros lentes y después marcar límites y erradicar poco a poco la violencia blanca, la que “no se ve”, la que no te lastima la piel y no te quita la vida, pero si afecta y lastima la autoestima de mujeres, niñas y adolescentes, así como su futuro ¿Te sumas?

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Paulina Rensoli -Cortesía

*Paulina Rensoli tiene más de 10 años de experiencia en comunicación estratégica y reputación corporativa. Empezó en agencias de consultoría en donde apoyó temas de OGM, consumo o retail, y continuó en corporativos globales de farmacéutica, energía y telecomunicaciones. Desde 2021 es integrante de Empresability y de WAI (Women for Artificial Intelligence), lo que le permite reforzar su interés sobre la importancia de la sostenibilidad, la responsabilidad social al igual que la tecnología y sus distintas aplicaciones que inciden en el valor de la reputación dentro del mundo actual: cambiante y revolucionado. Es parte del equipo docente de la Universidad Panamericana, CDMX para la Licenciatura en Comunicación. Es Licenciada en Relaciones Internacionales (Ibero) y tiene una especialidad en comunicación y liderazgo (Universidad de Málaga). Cursa la Maestría en Comunicación y Branding por la Universidad de la Rioja (UNIR, 20-21). Disfruta también el yoga, las catas de vino y el arte, cuenta con certificaciones en los dos primeros temas.

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