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México: una población que envejece cada vez más y queda a cargo de las mujeres


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Foto: Pixabay

La falta de un sistema de cuidados en México expone a los adultos mayores e impacta en la salud y las oportunidades de estudio y trabajo de las mujeres.

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CIUDAD DE MÉXICO. Limpiar la casa, hacer la comida o lavar la ropa son actividades del hogar que tienen un costo económico y que muchas, millones de mujeres en México, hacen sin remuneración. Pero igualmente lo es el trabajo de cuidados de personas de la tercera edad, que también sigue siendo adjudicado mayormente a ellas y cuyos impactos negativos son múltiples, pero poco visibles.

En el país, 80% de los cuidados de personas adultas mayores dependientes recae sobre las mujeres, de acuerdo con el documento Hechos y Desafíos para un Envejecimiento Saludable en México, publicado por la Secretaría de Salud (2016).

Y los problemas que enfrentan deben ser puestos sobre la mesa y van desde la falta de conocimiento para llevar a cabo esa labor hasta implicaciones emocionales y de salud para ellas mismas, así como la imposibilidad de estudiar y/o insertarse al mercado laboral, desarrollarse y ser independientes.

La ausencia de una política pública sobre este tema es la raíz principal de este escenario.

“Los principales cuidadores, por ejemplo, en adultos mayores, invariablemente son las mujeres. Por supuesto que la población a la que mayormente se cuida, siguen siendo a los adultos mayores, incluso más que a los niños. Es uno de los trabajos no remunerados más, más, más fuertes que hay en México, de hecho”, aseguró el psiquiatra-geriatra, Iván de Jesús Peña Vivanco.

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A estas alturas a nadie le extrañan las cifras que exhiben que en 2019 (con actualización al 2020) el Trabajo no Remunerado en los Hogares representó 22.8% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional. Eso se traduce en 5.6 billones de pesos, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Específicamente las labores de cuidado y apoyo representaron 6.6% del PIB, seguidas de los trabajos de alimentación con 4.9%, y limpieza y mantenimiento de la vivienda con 4.5 por ciento.

En esas actividades se encuentran las mujeres que cuidan a personas de la tercera edad, quienes generalmente carecen de conocimientos para ello, así como del respaldo de un sistema de cuidados públicos.

En una sociedad, la mexicana, que se enfila al envejecimiento y que sigue adjudicando este trabajo a las mujeres, son ellas quienes viven las consecuencias de esa labor en su salud física y/o mental, subraya Peña Vivanco.

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De acuerdo con el Censo 2020 del Inegi, en México hay más de 15 millones 142 mil personas mayores de 65 años, de las cuales 53.74% corresponde a población femenina.

Los adultos mayores aumentan progresivamente. En 2010, el segmento de 60 años y más representó 9% de la población, pero en el conteo del año pasado fue de 12 por ciento.

Ignacio Javier Orozco García, presidente de la Asociación Mexicana de Gerontología y Geriatría, indicó que las mujeres cuidan a las personas adultas mayores porque no tienen otra opción. Y lo hacen sin los conocimientos básicos no solo acerca de la tercera edad y de múltiples padecimientos relacionados o no, sino sobre los desafíos que ellas mismas enfrentarán.

El documento Hechos y Desafíos para un Envejecimiento Saludable en México señala que en el país la mayor parte de la población considera que el cuidado de las personas mayores es una responsabilidad familiar (36%), seguido de quienes piensan que el Estado debe ser quien brinde el cuidado (32%).

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Las complicaciones: una tras otra

“Una persona, por ejemplo, que cuida a un adulto mayor, sea cual sea la enfermedad que tiene, se puede llegar a deprimir; puede caer en ansiedad de hecho, pues son los síntomas de un colapso del cuidador”, explica Peña Vivanco.

Uno de los principales problemas que enfrentan las cuidadoras de adultos mayores y que poco se toman en cuenta, es su salud mental y emocional.

Señaló que la tarea de cuidar a una persona mayor es desgastante, ya sea por las enfermedades y discapacidades asociadas a la senectud o por el estigma que conlleva la edad y que genera afectaciones psicológicas en la propia persona cuidada.

“Son personas que pueden llegar a andar todo el tiempo ansiosas, nerviosas estresadas; pueden llegar a tener enfermedades cardiovasculares. Los cuidadores [padecen] mayormente patologías mentales como ansiedad y depresión, y por supuesto que a veces terminan colapsando y muriendo antes que el mismo enfermo”, indicó.

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Peña Vivanco señaló que existen dos tipos de personas que cuidan a las personas adultas mayores: el cuidador primario, que es la persona especialista que revisa su salud y es más formal. Se trata de una posición pagada, que realizan generalmente especialistas en salud y cuyo costo asciende a entre 500 y 800 pesos por un turno de ocho horas.

Por otro lado se halla el cuidador secundario o informal: la familia, aunque generalmente es alguna mujer de la familia, quien no recibe remuneración por su trabajo y lleva la principal carga, pues es responsable de que la persona cuidada tenga todo lo necesario para subsistir.

Ellas, comenta Orozco García, deben aprender cómo alimentar al adulto mayor; cómo medir su presión y su glucosa, por ejemplo. Incluso, deben empaparse un poco de psicología para poder acompañar a su familiar de la manera correcta.

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El especialista en geriatría estimó que 80% de las personas que deben cuidar a sus familiares mayores no tienen la capacitación necesaria para llevarlo a cabo. Eso afecta al cuidador y al cuidado.

Por otra parte, se refirió a un hecho muy común. En muchas ocasiones se piensa en la persona mayor únicamente como aquella con discapacidad, pero existe un alto porcentaje que es funcional y que puede valerse por sí misma, y aun así requiere de apoyo en algunos aspectos; principalmente psicológicos, debido a la angustia que les produce la idea de que la edad avanzada significa el fin de la vida.

En ese sentido, el documento Hechos y Desafíos para un Envejecimiento Saludable en México, estima una esperanza de vida de 74.2 años para las personas en el país. Sin embargo, los últimos cinco, en promedio, se transcurren con alguna enfermedad que provoca discapacidad o merma la calidad de vida. La cantidad de años en esa situación aumenta en estratos socioeconómicos con menos recursos.

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Una tarea más para las mujeres

En el pasado, las cámaras de Diputados y de Senadores han abordado la creación de un Sistema Nacional de Cuidados para que dicha labor -se trate de niños o de personas de la tercera edad- deje de adjudicarse a las mujeres.

Sin embargo, no hay progresos reales. En noviembre de 2020, el pleno de la Cámara de Diputados elevó a rango constitucional el derecho al cuidado y estableció que será garantizado por un Sistema Nacional de Cuidados; pero también determinó que no se utilizarán nuevos recursos para ese sistema ni se crearán nuevas instituciones.

La minuta del dictamen aún está pendiente de ser discutida en el Senado.

“En los países más avanzados existe un sistema nacional que brinda atenciones a personas de la tercera edad. Un sistema de salud muy, muy avanzado, donde pueden llegar a quedarse ahí y no les genera ningún costo. Cosa que no pasa aquí en México”, dijo Peña Vivanco.

En México estamos lejos de un escenario así. El 80% de los cuidados de personas adultas mayores dependientes recae sobre las mujeres, quienes realizan la mayor parte de las actividades con ellas, salvo el traslado al médico, de acuerdo con Hechos y Desafíos para un Envejecimiento Saludable en México.

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El reporte señala que el cuidado proviene de esposas o hijas, y destaca la necesidad de crear un sistema de cuidados a largo plazo para dar solución a un tema que no solo las afecta a ellas en su salud y en su economía, sino que orilla a miles de personas adultas mayores al abandono.

Según la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo del INEGI 2019, 7 millones 356 mil 923 personas cuidan a integrantes del hogar de 60 años en el país, de las cuales 3 millones 904 mil mujeres dedican 17.3 horas a la semana y 3 millones 452 mil hombres dedican 14.0 horas a la semana.

No obstante, en esas actividades únicamente se toman en cuenta acciones como apoyar o asesorar en usos de tecnologías de la información; llevar o trasladar a servicios de salud o a trámites, y estar pendientes mientras la persona hace otra cosa (cuidados pasivos). Así que a esto se le debe sumar el tiempo que se dedica a cuidados activos como alimentación, limpieza o administración de la casa.

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Según la misma encuesta, las mujeres destinaron en total 39.7 horas promedio semanales a todo tipo de trabajos no remunerados; los hombres, menos de la mitad, con 15.2 horas.

En esa estimación se omitieron los cuidados pasivos (cuando se acompaña a adultos mayores o personas con discapacidad, mientras se hace otra actividad pero se está pendiente de sus necesidades). Es decir, las mujeres destinan todavía más tiempo.

Peña Vivanco señaló que es preciso comenzar a plantear la creación de casas de día públicas y gratuitas, donde la personas se encuentren seguras, así como el diseño de un sistema con distintos modelos de cuidado y acompañamiento.

El objetivo es claro: el bienestar de las personas adultas mayores y evitar que las mujeres sigan siendo las principales responsables de estos cuidados sin remuneración y que tengan la oportunidad de estudiar y/o insertarse al mercado laboral, incluso haciendo este mismo trabajo, pero en condiciones dignas, justas y de mayor profesionalización.


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