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¿El confinamiento ya te parece confortable? Piénsalo de nuevo


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Tras un largo encierro, las personas pueden adaptarse tan bien que la sola idea de salir es casi impensable, y más en una pandemia. (Foto: Tetiana Shyshkina / Unsplash)

Si el confinamiento por el COVID-19 te ha comenzado a parecer confortable, que puedes prolongarlo sin dificultad y, además, la idea de salir de casa te hace sentir molesto, quizá experimentas el Síndrome de la Cabaña, una condición que se ha observado en personas que viven largos encierros debido a climas extremosos o porque estuvieron en prisión.

No es una patología reconocida por la psiquiatría, pero sí es un fenómeno psicológico que ha sido observado.

Su nombre se originó en regiones del mundo donde se viven inviernos muy intensos y “la gente se tiene que guardar en sus casas; entonces, el término surge porque notan que la población ya no quiere salir porque ya se adaptó al modo de vida durante todo el invierno”, explica la psicóloga clínica Sonia Núñez Gascón.

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La especialista agrega que otro aspecto de ese fenómeno es la aversión que las personas confinadas llegan a sentir con respecto a la convivencia social.

Bajo el contexto de la epidemia por el nuevo coronavirus, Núñez advierte que no todo mundo vivirá este efecto, pues solo llegará a afectar a quienes respetaron completamente la cuarentena y además habitan espacios pequeños.

Un gran sector de la población en México ha podido guardar el encierro por la epidemia durante casi tres meses. No obstante, las autoridades han comenzado a autorizar el desconfinamiento escalonado en días recientes, pese a que el país se encuentra en alto riesgo de contagio.

Al 15 de junio, la cifra de contagios es de 150,264 personas y la de muertes, de 17,580. El subsecretario de Promoción y Prevención de la Salud, Hugo López Gatell, ha defendido la decisión de comenzar el desconfinamiento ante la delicada situación económica que atraviesa gran parte de la población.

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¿Cómo identificar si tienes el síndrome?

El Síndrome de la Cabaña se trata en realidad de un trauma que sufre el cerebro al pasar en muy poco tiempo de la libertad y la movilidad, al encierro y a un escenario en el cual el exterior y el contacto con otros se convierten en un enemigo del que hay que protegerse.

“Tú cerebro sufre un cambio repentino (…) Sufre un trauma en el cual dice: ‘Tenemos que adaptarnos a estas cuatro paredes’. Y lo que hace es tratar de nivelar las hormonas que necesitas”, menciona Sonia Núñez. Como resultado, llegas a un estado de adaptación al nuevo entorno: el aislamiento.

“La cabaña se vuelve un lugar en donde tu cerebro ya se adaptó. A lo mejor, primero sentiste frustración, depresión. Pero de repente te dice: ‘Aquí estás seguro’. El ser humano es de hábitos”, señala la entrevistada, quien ostenta un posgrado en terapia cognitiva conductual.

Justo por ello, el desconfinamiento representa otro trauma, otra adaptación repentina, la cual produce nuevamente rechazo y también temor. Ese miedo se ve, además, potenciado por el miedo al contagio.

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Para que puedas identificar si estás viviendo este síndrome, observa si tienes algunos de estos comportamientos y reacciones:

1) La sola idea de salir te causa desde pereza, rechazo, molestia y enojo, hasta miedo y ansiedad.

2) Surgen en tu cabeza un sinnúmero de objeciones y de todo tipo. También puedes estar creando toda una historia sobre el tema antes de poner un pie en la calle.

3) Antes de salir o ya en el exterior, puede haber reacciones físicas como dolores de cabeza, dolor de pecho, palpitaciones, dificultad para respirar y hasta padecimientos gastrointestinales.

¿Cómo puedes gestionarlo?

Sonia Núñez recomienda que desde ahora mismo comiences a trabajar en estos tres puntos ante el retorno al exterior y a tu lugar de trabajo:

  1. Haz todo lo que puedas por cuidarte y por sentirte seguro.
“No importa que vayas vestido de astronauta; si te sientes seguro así, así ve”.

2. Ocupa la realidad. Es decir, es cierto, hay una amenaza y nadie sabe si habrá una vacuna o una cura, y en cuánto tiempo. Lo mejor que puedes hacer para protegerte es cuidarte sin escatimar en ello.

“Sí, me da miedo, pero ¿qué estoy haciendo para no contagiarme?”

3. Comienza a salir -cuidando todas las medidas sanitarias-, disfrútalo y acepta los beneficios de hacerlo. Sin vigilar a las personas y sin hacerte historias.

“No estés viendo, no estés observando, no estés al pendiente de los demás. Tienes que estar al pendiente de ti”.

Para la especialista es importante que en este momento fortalezcas más las herramientas que has construido durante el encierro para protegerte, en vez de fortalecer tus miedos.