Inspiring Women

Dos madres que marcaron un parteaguas en la lucha contra el feminicidio en México


Irinea y Esperanza.png
Irinea Buendía y Esperanza Luccioto. (Fotos: Tomada de Facebook Irinea Buendía / Cortesía Fundación para la Justicia)

La búsqueda de justicia que Esperanza Luccioto e Irinea Buendía han realizado tras el feminicidio de sus hijas, sentó precedentes en favor de cientos de víctimas.

Suscríbete a nuestro newsletter / Escucha nuestro nuevo podcast Mentemorfosis y/o nuestro anterior show Dalia Talk

CIUDAD DE MÉXICO. En México, donde el feminicidio se ha vuelto algo de todos los días, también es frecuente saber de cientos de mujeres que están dedicando sus vidas a luchar contra este tipo de violencia de género y a exigir justicia. 

Irinea Buendía y Esperanza Lucciotto son dos de esas mujeres y sus respectivas historias comparten dos cosas en común. Primero, ninguna planeó ser activista; segundo, la lucha que iniciaron llegó por donde más les dolía, el feminicidio de sus hijas, Mariana Lima y Karla Pontigo, respectivamente.

Cursa en Dalia Masters: Skirt the rules: de emprendimiento a Unicornio, con la primera mujer en hacer de su startup un 'unicornio' en AL, Silvina Moschini

Desde el momento en que Mariana y Karla fueron privadas de la vida, sus respectivos agresores intentaron ocultar lo sucedido, mientras las autoridades fueron tan omisas que dictaron sentencias que resultaron absurdas para sus madres. Desde ese momento, la lucha de Esperanza e Irinea se volvió ardua, hasta llegar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Con ello, marcaron un antes y un después en la historia de la violencia contra las mujeres en México, pues el máximo tribunal de la nación determinó que todos los casos de muertes violentas de mujeres debían ser investigados con perspectiva de género y estableció los criterios para los casos de feminicidio.

Irinea Buendía

Irinea Buendía . Facebook Irinea Buendía.jpg

Foto: Facebook Irinea Buendía

Nació y vivió en Tenextepango, Morelos. De joven soñaba con ser profesora y pasaba los días con su abuelo materno que le contaba historias. Después de estudiar la secundaria, ingresó a la escuela normal para cumplir con su sueño, pero su hermana enfermó y ella tuvo que regresar a su pueblo natal por ese motivo. 

Luego se trasladaron al Estado de México, donde ella pasó gran parte de su vida atendiendo su tienda de abarrotes.

Lee también: Marcela Lagarde, la feminista mexicana que acuñó el término 'feminicidio'

Irinea tuvo cinco hijos e hijas, a quienes crió y dio estudios. Entre ellos estaba Mariana, la tercera de la casa. Estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México pero la necesidad de hacer prácticas profesionales la llevó al Estado de México. 

Dos años después se casó con un policía ministerial, Julio César Hernández Balina, quien cambió la vida de ambas: madre e hija.

El 28 de junio de 2010, a sus 29 años, Mariana tomó la decisión de abandonar a su esposo ante la constante violencia física, psicológica, sexual y económica que ejercía sobre ella. Incluso la amenazó dos veces de muerte. Ese día, su madre se quedó esperándola para comer. Nunca llegó. Lo que sí recibió fue una llamada telefónica de Julio César, quien le dijo que su hija se había suicidado. 

Irinea no le creyó. Desde el primer momento supo que era un feminicidio. Así comenzó una larga lucha en que la muerte fue tipificada como suicidio gracias a que Julio César, en calidad de funcionario público, recibió ayuda de la propia autoridad para encubrir evidencia y hacer declaraciones falsas.

Te puede interesar: El protocolo de atención a niños huérfanos por feminicidio, lejos aún de ser operativo

En 2013 la Suprema Corte de Justicia de la Nación atrajo el caso y el 25 de marzo de 2015 emitió la sentencia histórica, tras analizar los procedimientos del caso y evidenciar que no se incorporó la perspectiva de género. Así, sentó las bases para que todas las muertes violentas de mujeres en México se investigaran como feminicidio.

Irinea Buendía logró finalmente la detención del feminicida, tras pasar por 20 ministerios públicos, tres fiscales y tres procuradores estatales, para demostrar que su hija no se suicidó y obtener justicia. Pero su trabajo no se detuvo. Hoy, ayuda a otras familias a acceder a la justicia en casos similares. 

“La falta de acceso a la justicia y la falta de perspectiva de género propiciaron que en lugar de iniciar nuestro duelo, postergáramos nuestro dolor para poder convertirnos en investigadoras, en activistas y poco a poco en defensoras de los derechos humanos, exigiendo justicia para Mariana y para todas las mujeres víctimas de feminicidio en México”, dice Irinea, citada en un documento publicado el 8 de marzo del 2021, en la página del Observatorio Ciudadano Nacional por el Feminicidio.

Cursa nuestro Dalia Masters edición especial: Ser Mujer: En nuestras propias palabras, una clase magistral con 11 mujeres diversas como Martha Ortiz, Alexandra Haas y Olimpia Coral

Esperanza Luccioto

esperanza luccioto Cortesía FJEDD.jpg

Foto: Cortesía Fundación para la Justicia (FJEDD)

Nació, creció y se convirtió en activista contra el feminicidio en San Luis Potosí. 

Tuvo ocho hermanos; cuatro son mujeres. Tiene 55 años, de los cuales nueve los ha vivido en la lucha por eliminar la violencia contra las mujeres y por justicia.

Empezó a estudiar Derecho, pero no pudo terminar la carrera. Trabajó durante 17 años en un banco, pero luego vino la privatización de la banca en los años 90 y salió de ese empleo para laborar como obrera en Ciudad Industrial. Hasta que llegó el día en que ese empleo, en el cual calibra reguladores para el gas natural, lo combina con largas horas de activismo en busca de justicia para su hija y para todas las víctimas de feminicidio.

Tuvo tres hijos y maternó sola. Karla era la de en medio y la única niña de la familia. Se la quitaron una noche de 2012 en un crimen que quisieron hacer pasar por un accidente. Esperanza recuerda a su hija en los bailables de la escuela, las obras de teatro, el futbol que quería jugar de niña y del cual desistió en el primer partido por temor a caerse junto a niñas de mayor tamaño.

Lee también: SLP busca reparar daños con el Día por la Justicia para Víctimas de Feminicidio

“Ella tenía un futuro prometedor, quería hacer muchas cosas, quería comerse al mundo, sobresalir, ella estaba estudiando, ella no se quería quedar quieta un rato, decía yo quiero estudiar, trabajar”, contó.

También recuerda que cuando ella se iba a trabajar por las mañanas, sus tres hijos estaban aún dormidos. Ella los trataba de despertar para darles indicaciones de lo que debían hacer en casa. Se quedaba tranquila porque aun en cama, los tres respondían de modo afirmativo. No obstante, por la noche, cuando ella llegaba, se encontraba con que ninguno recordaba o había entendido las indicaciones porque estaban somnolientos.

“Ya después les hacía una nota en la mesa porque todos me contestaban, pero como que ya sabían que me contestaban y yo pensando que sí me hacían caso”, cuenta entre risas. “Siempre me lo hacían los tres”, añade con melancolía. 

Karla trabajaba en un bar famoso de la zona y su hermano pasaba siempre a recogerla. Aquella noche, él llegó como siempre al lugar, pero le dijeron que esperara afuera y que su hermana se había accidentado. No obstante, esquivó a los guardias sin hacer caso y entró. La vio ensangrentada y la llevó al hospital, donde revisaron golpes y mordidas. Su estado era muy grave. 

Esperanza la vio todavía con vida y cuenta que en ese momento el Ministerio Púbico le ofreció abrir una investigación a cambio de que ella autorizar la donación de los órganos de su hija, quien aún no fallecía. 

Finalmente, Karla murió. La investigación se realizó como un homicidio culposo, es decir, como un accidente, aunque no había pruebas de ello porque el lugar de los hechos fue limpiado de inmediato. Por ese motivo, sí hubo una orden de aprehensión contra el dueño del bar, pero este pagó una fianza y fue liberado. 

Puedes compartir con quien lo necesite: Dalia Empower lanza su línea de ayuda contra la violencia de género

Allí empezó el camino de Esperanza, que aún no termina: se exhumó el cuerpo para demostrar que no fue un accidente, se interpusieron amparos, se originaron documentos tras documentos, negaciones, revisiones, etcétera. 

En 2015, la Suprema Corte de Justicia de la Nación atrajo el caso y el 13 de noviembre de 2019 dio la sentencia: la segunda en el país en materia de feminicidio. La instrucción era clara: el caso se debía reabrir y crear una fiscalía o unidad especial para investigarlo con perspectiva de género. Además -a diferencia del caso de Mariana Lima, hija de Irinea-, las y los ministros añadieron que se debía investigar a las y los funcionarios públicos que no hicieron su trabajo como deberían haberlo realizado. 

Es decir, por primera ocasión, se estableció responsabilidad penal de quienes hacen su trabajo de manera deficiente en los feminicidios. Este criterio debía seguirse en todo el país desde ese momento y marcó un parteaguas.

Lee también: Los delitos sexuales contra mujeres van a la alza en México

En la actualidad, algunas asociaciones civiles como la Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho, y Amnistía Internacional, quienes acompañan a Esperanza, piden que el caso sea atraído por la Fiscalía General de la República debido a un conflicto de interés entre el ministerio público y el primer juez que dictó sentencia. 

Pero Esperanza hoy no solo está buscando justicia para Karla, también la busca en el caso de las hijas de otras mujeres a través de la colectiva Por ellas, Por Nosotras y Por Todas. 

“Que no les vuelvan a hacer lo que a mí me hicieron. Y veo que esa etapa no la hemos superado porque a pesar de que tanto Irinea como yo hemos llegado a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, esto sigue siendo una piedra en el zapato para las autoridades porque en sí, siguen tratando a las mismas personas como cuando nosotras empezamos”, señaló.


¿Quieres aprender nuevas habilidades? Hazlo en Dalia Empower

Dalia Masters, clases maestras en línea y on demand especializadas en life skills

* Skirt the rules: de emprendimiento a Unicornio
Con la primera mujer en hacer de su startup un 'unicornio' en AL, Silvina Moschini

*Edición Especial: Ser Mujer, En nuestras propias palabras
Con 11 mujeres brillantes y diversas: Gabriela Warkentin, Vivir Quintana, Ophelia Pastrana, Martha Ortiz, Bárbara Mori, Laura Manzo, Alexandra Haas, Bertha González Nieves, Silvia Dávila, Olimpia Coral, Maca Carriedo

*Storytelling: controla tu narrativa
Con los productores de la serie Monarca Billy y Fernando Rovzar

*El Poder de la Resiliencia
Con la comunicadora Paola Rojas

*Tu nombre, tu marca en el mundo
Con el chef Enrique Olvera

Otros programas y clases

*e-Class : Liderazgo Femenino

*eClass: ¿Ocupada o Productiva?

*eClass: Introducción al Customer Experience

*Revisa también toda nuestra oferta de educación continua en Dalia Academy