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Cubrebocas de diseño: artesanas mexicanas bordan tradición

Ante la caída en ventas por la epidemia de COVID-19, mujeres artesanas de Chiapas, Oaxaca e Hidalgo se adaptaron rápidamente y venden sus cubrebocas bordados en todo el país e incluso en el extranjero. (Foto: Cortesía de las artesanas)

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CIUDAD DE MÉXICO. Si tienes que usar cubrebocas para evitar el contagio del virus de COVID-19, qué mejor que llevar una prenda con diseños tradicionales y bordadas por manos de mujeres mexicanas que tuvieron que dar un giro inesperado a sus creaciones para allegarse de recursos económicos en medio de la epidemia.

La pandemia de COVID-19 también ha afectado con fuerza a mujeres artesanas de todo el país, quienes venden sus productos en plazas, tiendas y festividades de las comunidades a las que pertenecen. De un día para otro se quedaron sin turismo, sin ventas y tuvieron que cerrar sus locales físicos.

Muchas de ellas son bordadoras y viven al día, por lo que repensaron sus creaciones y rápidamente lanzaron cubrebocas con diseños propios de las regiones de donde son oriundas y bordados a mano.

La prenda no solo ha dado un respiro a su economía; también soluciona la demanda masiva de este tipo de protección en medio de la contingencia sanitaria

Hoy, algunas de ellas cubren pedidos en todo el país en incluso en otras naciones.

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“Nos gusta cuidar la salud de la población y esto nos ayuda a que nuestra gente pueda comprar despensas”

Daira Collazo

Slumalil Jolobiletik

San Cristóbal de las Casas, Chiapas

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(Foto: Cortesía Slumalil Jolobiletik)

En Slumalil Jolobiletik -que quiere decir la casa del telar y los bordados en tzolzil, una de las lenguas mayas que se hablan en Chiapas-, un grupo de mujeres comerciantes de la Plaza Santo Domingo, ubicada en San Cristóbal de las Casas, vende productos de las regiones de San Juan Chamula y Zinacantán.

La llegada del COVID-19 se tradujo en dos meses sin venta y el cierre de los locales físicos debido al riesgo de contagio. Esto impactó fuertemente en su economía, ya que son mujeres que viven al día.

“Como nosotras vivimos día a día, decidimos sacar cubrebocas no bordados, de los lavables. Pero al principio no se vendía nada, la verdad. Después decidimos sacar cubrebocas bordados y los publicamos en la página”, explica Daria, artesana entrevistada por Dalia News+Media, plataforma de información y noticias de Dalia Empower.

Gracias a ese cambio incrementaron sus ventas por internet. Para ellas, las ventas digitales habían comenzado tres años antes, pero la llegada de la pandemia también había afectado sus ingresos por esa vía.

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Artesana chiapaneca. (Foto: Cortesía Slumalil Jolobiletik)

“Nos ayudó mucho (vender cubrebocas bordados), gracias a Dios”, señala Collazo y detalla que realizan envíos de cubrebocas a toda la república y al extranjero. Estados Unidos es uno de sus mayores consumidores.

Para las artesanas chiapanecas, la prioridad es “cuidar la salud de la población”, mientras que este giro en el negocio les ayuda a que “nuestra gente pueda comprar despensas”.

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“Para mí, los cubrebocas fueron un parteaguas. Si antes mi página era conocida, ahora lo es mucho más”

Norma Gallegos

Bordados Tenangos

Tenango de Doria, Hidalgo

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Los cubrebocas son realizados a partir de lienzos de 2x2 metros, que son bordados por varias personas. (Foto: Cortesía Bordados Tenangos)

Norma inició su negocio de bordados después de una situación personal complicada. Desde los ocho años sabe bordar, gracias a las enseñanzas de su madre. El negocio fue creciendo y comenzó a vender vestidos de novia, de 15 años, capas, tenis, faldas y guayaberas. Todo con bordados. Mientras crecía, comenzó a emplear a familiares para darse abasto. Toda su venta es en línea y enviada por paquetería.

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Pero llegó el COVID-19. “Fue algo muy fuerte, las ventas empezaron a bajar de manera paulatina y llegó un momento en que no vendía nada”, confiesa Gallegos durante la entrevista.

La chispa que encendió la llama de este proyecto fue una clienta extranjera. Ella le preguntó si vendía cubrebocas y le hizo un primer pedido de 30 unidades.

“En dos semanas ya le tenía el producto. La señora fue el parteaguas. Ella me dijo que los cubrebocas habían gustado mucho”, explica.

Tras esa primera venta, Norma publicó las fotografías de los cubrebocas en su página de Facebook y ahí estalló todo. Las personas comenzaron a preguntar y a comprar este nuevo producto.

“Muchos clientes me dicen: 'Si vamos a traer la cara cubierta, por lo menos que podamos lucir esta belleza que es totalmente a mano y artesanal”

Gracias a la página y las recomendaciones de boca en boca, literal, las ventas de Norma han aumentado al punto en que ya tiene un proceso establecido de venta: pides hoy, te entrega en una semana. Sin importar si compras tres o 30 cubrebocas, todos son atendidos de igual manera, asegura.

“Para mí, los cubrebocas fueron un parteaguas. Si antes mi página era conocida, ahora lo es mucho más porque la gente me busca por los cubrebocas”, afirma Gallegos.

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“Empezamos a hacer cubrebocas bordados, pero tampoco tan caros para que la gente los pudiera comprar”

Dulce Cacho

Jeged

Istmo de Tehuantepec, Oaxaca

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(Foto: Cortesía Jeged)

Dulce tiene dos negocios: Jeged, tienda en línea de ropa artesanal, y una tienda física de venta de ropa deportiva. El negocio de bordados inició tras los terremotos de septiembre de 2017 que afectaron fuertemente a Oaxaca. Ante la caída en ventas, los artesanos decidieron iniciar el negocio en línea con la oferta de huipiles, blusas con bordados típicos y blusas estampadas.

Todos los bordados son realizados por personas de la comunidad istmeña. Son bordados de gancho y de aguja. Dulce compra los productos a los artesanos y los vende en línea.

“Esa fue la finalidad (de iniciar la tienda en línea). Vimos que los productos no se movían y pensamos: 'Vamos a apoyar a la gente a vender'. Los huipiles sencillos los vendían ya en 100 pesos porque la gente ya solo los vendía para subsistir”, relata Cacho sobre cómo eran las cosas tras los sismos de 2017.

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(Foto: Cortesía Jeged)

Tres años más tarde, la llegada del coronavirus al país volvería a retar a la región. Cuando comenzó la epidemia en el Istmo no había cubrebocas y cuando hubo, se vendían en 30 pesos.

Posteriormente, los negocios comenzaron a cerrar y las ventas a bajar. Fue ahí cuando se les ocurrió comenzar a vender cubrebocas con diseños.

“La idea era hacer cubrebocas estampados, esos los manejamos en 35 pesos para que pudieran comprarlos. Después empezamos a hacer los cubrebocas bordados que tienen un precio más elevado, pero tampoco los vendemos tan caros para que sean accesibles y la gente los pueda comprar”, explica.

Estos nuevos productos fueron una salida emergente ante la situación, pues además del cierre de negocios físicos, se perdió el turismo de Semana Santa y de las fiestas de mayo. Los turistas son los mayores compradores de los bordados istmeños, afirma Dulce Cacho.

“Gracias a Dios se ha vendido bastante. Lo que más se ha movido son los estampados por el precio. Los bordados los compran más en el extranjero”, puntualiza.

Aunque los cubrebocas representan hoy una entrada constante de ingresos para Dulce y las artesanas oaxaqueñas, lo cierto es que el impacto en su economía ha sido enorme. Tan solo en las fiestas del Istmo un traje bordado llegar a tener un precio de 20,000 pesos y un huipil de entre 2,000 y 3,000 pesos.

“Al menos ya se activó la economía y la gente puede comprar algunas cosas de la canasta básica con los bordados que hacemos. Estamos en la fase 3, la gente empieza a tener menos recursos y los apoyos del gobierno no están llegando. Les pido que nos apoyen para que podamos tener ingresos”.