Beneficios económicos derivados de la equidad de género




Además de representar uno de los pilares de cualquier política pública de desarrollo, la equidad de género es también un inestimable motor de crecimiento económico.

Una parte significativa del bum económico de inicios del siglo XXI se explica gracias a la incorporación de unas 70 millones de mujeres al mercado laboral, que contribuyeron, entre otros, a reducir la pobreza, dinamizar los mercados nacionales y reducir las desigualdades.

Se calcula que el impacto económico de cerrar la brecha de género en el mercado laboral se traduciría en un incremento del PIB de unos USD 2.6 billones, o lo que es lo mismo, un crecimiento de 34% del PIB.

El estudio The power of parity: How advancing women’s equality could add $12 trillion to global growth realizado por Mckinsey & Company, indica que los beneficios de avanzar en la igualdad de género se traducirían en más de USD 1 billón en la próxima década.

A pesar de los significativos progresos logrados en las últimas décadas, en todo el mundo los mercados de trabajo siguen estando divididos por géneros y parece haberse estancado el avance hacia la igualdad de género. La participación femenina en la fuerza laboral –en todos los niveles– se ha mantenido por debajo de la participación masculina. También se perciben aún significativas diferencias salariales frente a sus colegas varones. En muchos países, las distorsiones y la discriminación en el mercado laboral restringen las opciones de las mujeres y la representación femenina en los altos cargos y entre los empresarios sigue siendo baja.

Si bien el crecimiento y la estabilidad son necesarios para ofrecer a las mujeres las oportunidades que necesitan, la participación de la mujer en el mercado de trabajo también es parte de la ecuación de crecimiento y estabilidad. Específicamente, en las economías que están envejeciendo con rapidez, una mayor participación femenina en la fuerza laboral puede estimular el crecimiento al reducir el impacto de la reducción de la mano de obra. Mejores oportunidades para las mujeres también pueden significar un mayor desarrollo económico en las economías en desarrollo, por ejemplo a través de un aumento de la matrícula escolar de las niñas.

Diversos estudios sostienen que, desde el punto de vista macroeconómico, una mayor participación de la mujer en la actividad puede impulsar el ritmo de incremento del PIB. El crecimiento económico es un elemento necesario para poder ofrecer a las mujeres las oportunidades de inclusión necesarias, pero no es menos cierto, según los expertos, que la participación de la mujer en el mercado laboral es parte de la ecuación de crecimiento, productividad y estabilidad.

Los beneficios

El empoderamiento económico de la mujer es un buen negocio. Las empresas se benefician enormemente al aumentar las oportunidades en cargos de liderazgo para las mujeres, algo que ha demostrado aumentar la eficacia organizacional. Se estima que las compañías donde tres o más mujeres ejercen funciones ejecutivas superiores registran un desempeño más alto en todos los aspectos de la eficacia organizacional.

Hay amplias evidencias que demuestran que si las mujeres pudieran desarrollar todo su potencial en el mercado laboral habría significativas ganancias macroeconómicas“, afirma un informe publicado por el FMI.

Por ejemplo, si la participación laboral de las mujeres fuera igual que la de los hombres en Estados Unidos, su PIB crecería un 5%. En el caso de Japón, la economía crecería un 9%; en Emiratos Árabes Unidos, un 12%; y en Egipto, hasta un 34%.

Adicionalmente, un aumento de mujeres trabajadoras permitiría compensar la caída de la población activa en los países con sociedades envejecidas. Por otro lado, la igualdad en el mercado laboral permitiría a las empresas hacer una gestión de talento más eficaz, algo que repercutiría positivamente en su crecimiento.

Todavía queda mucho camino por recorrer y mucho potencial por desatar.

 

Referencias: