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Amy Coney Barret, la juez antiabortista que Trump nominó a la Suprema Corte


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Chip Somodevilla/Getty/AFP

En 2017, Donald Trump designó a Amy Coney Barret a la Corte de Apelaciones del Séptimo Circuito de Chicago.

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CIUDAD DE MÉXICO. Amy Coney Barret, oficialmente la apuesta de Donald Trump a la Corte Suprema de Estados Unidos, es considerada la antítesis de la recién desaparecida ministra Ruth Bader Ginsburg y podría asegurar largos años de dominio conservador en la máxima instancia judicial de ese país.

Trump nominó 26 de septiembre a la jueza Coney como reemplazo de la progresista Ruth Bader Ginsburg, convertida en una icono de los derechos por las mujeres, quien falleció el pasado 18 de septiembre.

Amo los Estados Unidos y amo la Constitución de Estados Unidos, declaró Coney en los jardines de la Casa Blanca durante su nominación.

El perfil de Barret, de corte conservador, puede ser una ventaja para Donald Trump frente a las elecciones presidenciales del 3 de noviembre próximo, luego de que él mismo declarara que el proceso podría acabar en las manos del máximo poder jurídico de Estados Unidos.

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Su nombramiento, además, inclinaría la balanza 6-3 a favor de los conservadores en la Corte, en un momento en que las divisiones políticas en Estados Unidos se acentúan más, no solo por la carrera electoral, sino por las protestas raciales que han surgido en todo el país con motivo de la brutalidad policiaca en contra de personas negras.

Además, los republicanos tienen mayoría de 53-47 en la Cámara Alta y solo dos senadores en el partido de Donald Trump proponen que la designación de una nueva ministra suceda hasta después de los comicios.

La última voluntad de Ruth Bader era precisamente que el nombramiento de su remplazo se hiciera luego de las elecciones.

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Una "textualista" de la Constitución

Coney Barret es una abogada conocida del actual presidente, pues en 2017 la designó a la Corte de Apelaciones del Séptimo Circuito de Chicago, luego de ser descartada de su lista de posibles candidatos a la Corte Suprema, asignados por el presidente tras el anuncio del retiro del juez Anthony Kennedy.

Con 48 años, Amy sería la miembro más joven de la Corte Suprema en caso de ser elegida.

Es católica practicante y madre de siete hijos, incluidos dos adoptados de Haití y un pequeño con síndrome de Down. Se opone a la despenalización del aborto y ha sido señalada por mezclar su fe religiosa con sus deberes como juez.

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En la Corte federal de Apelaciones del Séptimo Circuito de Chicago adoptó posiciones a favor del derecho a portar armas y desfavorables para los migrantes. También mostró su oposición al llamado Obamacare, la reforma de salud impulsada por el expresidente que los republicanos han intentado desmantelar en los últimos años.

Se ha distinguido por su lectura conservadora de la Constitución estadounidense. De acuerdo con el diario El País, Coney se considera así misma como una “textualista”, debido a que su interpretación de la Constitución es estricta, y en muchas ocasiones, literal.

Sin embargo, su experiencia como jueza federal se reduce a tres años, en contraste con los 15 que ejerció en la academia.

Con información de AFP