Mujer y madre

Desde hace muchos años conocemos el término “feminista”, sin embargo esta nueva ola de empoderamiento y  girl power nos ha puesto a pensar acerca de nuestros propios prejuicios y el valor de la mujer y madre; y al mismo tiempo, el rol del hombre y padre.

Ante la pregunta ¿para mí, qué significa ser mujer? Me vienen ideas conmovedoras que, aunque son reales, genuinas y verídicas, no todas compartimos. Justamente, esa gran variedad de roles y puntos de vista es lo que nos hace ser mujeres.

Yo, como muchas, tengo  un sinfín de facetas cargadas con emociones, sentimientos y pensamientos que a veces son contrarios entre sí. Incluso me atrevo a decir que  son hipócritas entre unos y otros. Sin embargo, mi honestidad, dedicación, sentido del humor y amor se mantienen igual en cada una de estas versiones.

En mi caso, es imposible separar el hecho de ser madre y el de ser mujer, ya que el día que mis hijos me convirtieron en mamá mi vida cobró valor. Ser MADRE era mi “vocación” y el motor de cada día. Me tomó 14 años aceptar que así era por los prejuicios de que “solo  ser mamá” no es suficiente y no es de una mujer “feminista”. Hoy que mis hijos son más grandes siguen siendo mi motor, pero ahora puedo dedicarme a otras facetas de mi vida y desarrollarme profesionalmente.

Yo soy una mujer que une a la familia, busco las cualidades de cada uno y encuentro la manera de hacer un vínculo entre todos con la intención de crear un espacio seguro para mis seres queridos. A través del amor y la empatía intento brindar oportunidades de crecimiento personal, profesional y emocional para que las relaciones futuras de mis hijos y sus seres queridos sean relaciones respetuosas, dignas, seguras y generosas.

En este sentido pienso que la mujer es aquella que a pesar de tener diversas obligaciones hace el tiempo para construir un espacio amoroso con sus hijos, familia o amigos. No debemos olvidar que ante todo formamos parte de una familia, todos somos hijos de una mamá y un papá y eso nos dará las herramientas necesarias para tener mejores ciudadanos, educación, y sociedades.

Ser mujer y ser hombre no son antónimos. Uno no es  mejor que el otro,  son equivalentes.  Nuestras diferencias nos hacen valiosos, nos hacen convivir, compartir y crear experiencias para ser más fuertes en conjunto, estableciendo una sociedad integral y tolerante.