La verdad detrás de los propósitos de año nuevo

El año está por terminar y antes de empezar la listas con nuestros propósitos para 2019, es buena idea evaluar qué pasó con lo que nos propusimos al inicio de 2018. ¿De qué estaban hechos?, ¿cuáles pudimos mantener? y ¿qué cosas escaparon todo tipo de planeación y transformaron nuestro año?

Recuerdo el momento exacto durante la fiesta de Navidad del año pasado en el que me senté con un papel y un lápiz con la intención de plasmar todas las formas en las que iba a transformar mi vida. La lista tenía de todo: bajar de peso, ser mejor hija y novia, ser más agradecida y al mismo tiempo, más asertiva. Esta es mi evaluación:

Bajar de peso

Ahora sé que más allá de querer ser modelo de trajes de baño, esa lista daba cuenta del momento de incertidumbre que estaba viviendo. No era grasa lo que quería bajar, sino la ansiedad que me provocaba empezar mi vida en un lugar donde nadie me conocía. Sin duda me sentía incómoda en mi propia piel. Llevaba quince días viviendo en otra ciudad y no tenía idea de cómo ocupar ese nuevo espacio.

Ser mejor hija y mejor novia

Tampoco mi anhelo por ser mejor persona era la imagen idílica de la ninfa del bosque que habla con los animales. De fondo hablaba de una culpa voraz que me perseguía por haber dejado compromisos truncos, expectativas rotas y relaciones a la deriva por mi decisión intempestiva de empezar una nueva vida luego del terremoto que destruyó mi casa.

Ser más agradecida

Este deseo se tradujo rápidamente en arrepentimiento por no haber disfrutado de cosas absurdas que después me parecieron sublimes como despertar con la sinfonía de claxons del Eje 5 o poder ver con detenimiento las hermosas calles de la Colonia Del Valle durante los embotellamientos, etc. El agradecimiento en realidad era nostalgia por todas las cosas que antes me molestaban y que ahora extrañaba como si hubiera perdido una parte de mí.

Ser más asertiva

El nudo que tenía en la garganta encontró un nombre más “ejecutivo” cuando quedó plasmado como un deseo de ser más “asertiva”. El problema no era “decir cosas” sino callar y dejar que las cosas tomen su rumbo. Tolerar la incertidumbre y reconocer que no podemos controlar todo, a veces toma más valentía que tener algo que decir para saturar el vacío.

No es que todo fuera malo. Se pueden imaginar qué más allá de todo lo que estaba dejando, había miles de cosas que estaba estrenando: nuevos proyectos, nuevas amistades y por supuesto, nuevas responsabilidades. Pero el 1 de enero de 2018, mi cabeza no estaba ahí, estaba en el duelo. Ahora sé que esas cosas que a veces deseamos como parlamentos de una película de Hollywood, muchas veces son símbolos que ocupamos para taponar lo que verdaderamente nos preocupa.

2018 está por terminar y nuevamente tenemos la oportunidad de bañar nuestras uvas en champagne, barrer la entrada de nuestra casa, correr alrededor de la cuadra con maletas y fantasear con lo que deseamos para nosotros y la gente que queremos. Así que cuando estés lista para escribir tus propósitos para 2019, antes de hacer un listado de deseos vacíos, tómate un tiempo para evaluar qué está en el fondo de eso que anhelas y celebra que estés dónde estés, el azar puede llevarte a lugares inesperados.

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¿Estás lista para empezar 2019 con el pie derecho?

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