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En este espacio ya hemos hablado de los cambios que estamos presenciando en el contexto laboral y cómo la tecnología ha contribuido a la disrupción de múltiples industrias. Ante este escenario muchos nos preguntamos ¿qué pasará con el ser humano si las máquinas hacen nuestro trabajo más rápido, con más exactitud y sin quejarse?, ¿qué aporta el ser humano que una máquina no podría reemplazar?

Algunos filósofos de la cultura como Rita J. King responden a este cuestionamiento planteando el inicio la era de imaginación; un periodo en el que la imaginación y la creatividad se convierten en los principales creadores de valor económico y cultural.

Si lo pensamos hace mucho sentido. Cada vez con más frecuencia vemos cómo el consumo masivo, la educación, la política y el mercado hacen uso de herramientas como el storytelling, la realidad aumentada o los videojuegos para generar valor y transmitir experiencias para acercarse a las personas y formar comunidades.

imagination

Los creadores de estas narrativas y experiencias logran encontrarse con las personas en dónde están; en una realidad híbrida en la que la vida física y la virtual pierden sus fronteras y se mezclan para construir una nueva red de significados. Estos creadores usualmente están en campos relacionados con el arte, el diseño, la actuación o la producción de video, etc.

Sin embargo cuando hablamos de la era de la imaginación, no se trata sólo de estas profesiones; sino de explorar y detonar la imaginación y la creatividad como el principal componente que distingue a los seres humanos de las máquinas y generar valor en esferas que ni siquiera conocemos.

Vale la pena entonces preguntarnos, ¿a qué nos referimos con imaginación y cómo podemos fortalecerla para no morir en la obsolescencia de los cambios actuales? Para fines prácticos podemos decir que la imaginación es la posibilidad de crear escenarios en nuestra cabeza, de construir un espacio entre las sensaciones físicas y el enfoque del pensamiento, un momento que se sirve del pasado y el futuro para ubicarnos en el como sí de las cosas. Es un simulacro que nos permite ensayar lo que podría ser.

Un atributo importante es que la imaginación sucede en lo individual y por lo general en el silencio. Es de las pocas experiencias en las que uno puede ser sin cuidar las formas, en la que no hay límite. Es la materia prima de la fábrica de la creatividad que concreta las ideas para hacerlas realidad, y todos la tenemos desde la infancia.

Cuando sumamos los posibilidades de la imaginación, la concreción de la creatividad y el potencial de la tecnología que magnifica lo que toca, abrimos un espacio en el que la autenticidad del ser humano no sólo adquiere un valor que las máquinas no tienen, sino que le da un propósito y guía a los alcances de la cuarta revolución industrial. La era de la imaginación es el punto de encuentro entre la humanidad y la tecnología.

robot

Para fortalecerla es necesario crecer el mundo subjetivo. Con esto no me refiero que es necesario viajar; tan sólo ser curiosos antes las cosas que nos rodean; conocer personas de todo tipo, leer, ver películas, tomarnos el tiempo de reflexionar sobre lo vivido y concebir -por lo menos en nuestra cabeza- las posibilidades de ser quien queramos ser, sin el peso normalizante de la cultura.

La imaginación es además un ingrediente fundamental para desarrollar las habilidades del futuro y ejercer las nuevas formas de liderazgo incluyente que han cambiando el enfoque de la productividad a la autenticidad; de la administración de horas laborales al desarrollo de talento. Desde esta perspectiva, los equipos diversos, multigeneraciones y multidisciplinarios son un detonante de ideas frescas.

Citando al célebre Peter Drucker, “la mejor forma de predecir el futuro es creándolo”. Hoy podemos empezar por imaginarlo.

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