Los giggers en busca de sentido

Cuando escucho hablar de los cambios que veremos en el futuro del trabajo, me pregunto si estamos tomando en cuenta lo que implica para el futuro del sentido de la vida. Yo sé que no somos nuestros trabajos, pero también sé que una buena parte de nuestra vida, nuestros intereses, logros y relaciones, han estado asociados a lo que haces para “ganarte la vida”.

De manera que cuando los estudios pronostican cuáles son las profesiones y los empleos que desaparecerán con la llegada de la automatización y la inteligencia artificial, no puedo dejar de ver que el verdadero reto del futuro no es crear fondos públicos para los empleados desplazados por las máquinas, sino preparar a las personas para el viaje en busca de sentido. Un viaje, que de paso, pueda ser monetizable.

Así como el jobhopping, ser un gigger es otra tendencia que está ganando terreno rápidamente entre los Millennial. Este término se le da a quienes trabajan en los distintos formatos de economías emergentes. Como la economía colaborativa (Airbnb), por encargo (Posible), entre pares (Mercado Libre) o de plataformas (Uber). Todas ofrecen algo que las empresas tradicionales no pueden: la fantasía de la libertad.

Valdría la pena mirar más de cerca cuáles son las diferencias de esta tendencia respecto al trabajo tradicional y así saber cómo prepararnos mejor para entrar en esta dinámica que trae nuevos cuestionamientos respecto a la autonomía, el balance y la identidad.

Autonomía

Ser tu propio jefe, trabajar cuándo quieras, dónde quieras, en lo que quieras y poder reclamar autoría del trabajo que realizas, son algunos de los atractivos de estos esquemas laborales basados en plataformas digitales.

Sin embargo, “ser el jefe” requiere de una disciplina e inteligencia emocional bien desarrollada para gestionar proyectos, tratar con tus clientes, colaboradores, proveedores y contigo mismo. Algo que solemos olvidar respecto a la función del jefe en las organizaciones tradicionales es que ellos deben -entre otras cosas- de mantener la motivación y seguridad de sus equipos. Si tú eres tu propio jefe, este beneficio se convierte en tu responsabilidad.

Para estos casos, según el reporte de Harvard Business Review “Thriving in the gig economy” es recomendable construir tu propio espacio de contención o “holding”. Este es un espacio mental en el que puedes pensar en lo que sucede a tu alrededor, tomar perspectiva, recibir consejo de otros, imaginar y experimentar distintas formas de resolver ese conflicto que te aqueja.

Balance

Decidir cuándo trabajar o cuándo tomar unas vacaciones es el sueño de muchos que hemos trabajado en grandes empresas, ya que el tiempo que dedicamos al trabajo hace que cualquier otra cosa como el ejercicio, pasar tiempo con nuestra familia, estudiar o frecuentar amigos, parezca imposible.

Sin embargo, lo que sucede con más frecuencia es que nosotros somos nuestro peor jefe. Al no tener horarios o rituales fijos, de los principales riesgos para los giggers, es no saber cuándo detenerse o cómo rechazar ofertas de trabajo para evitar el burn out. Es común que las personas que recién inician en este esquema pierdan control de su ciclo de sueño o alimentación, haciendo del tan deseado balance una mera fantasía.

Establecer rutinas personales y de trabajo es la recomendación de HBR para estos casos. Acordar qué días ves a tus clientes, en qué horarios recibes llamadas o respondes correos y hacer apartados para todas las otras cosas que quieres integrar en tu vida, con fechas y horarios. Al principio puede parecer complicado y tal vez cansado, pero como todo buen hábito, si eres los suficientemente constante; un día simplemente te darás cuenta que puedes balancear e integrar muchas cosas que antes pensabas imposibles.

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Identidad

Considerando que la vida de las personas es cada vez más larga, y que si naciste antes del año 2000, está proyectado que vivirás más de 90 años; pensar en dedicarte 60 años a lo mismo, suena a una pesadilla. Las nuevas economías ofrecen la posibilidad de reinventarte y explorar nuevos campos y disciplinas o incluso cambiar de carrera, una o varias veces.

Sin embargo, uno de los principales efectos de estas formas de trabajo según la investigación de Cornell University, es la pérdida de identidad. Y es que si lo pensamos, cuando trabajamos para una empresa en donde los roles y funciones son estáticos y la cultura organizacional nos dice en qué creer y en qué no; es muy fácil trazar un camino. En el caso de las economías alternativas, no existe un camino.

Para contrarrestar esta sensación de vacío la única salida es construir tu propia identidad y trazar tu propio camino. A diferencia del establecido, el tuyo debe ser lo suficientemente flexible como para que puedas explorar e integrar nuevas experiencias y habilidades a tu repertorio, sin que sientas que eres un fraude o que estás traicionando a tu “viejo yo”. En este proceso ayuda mucho acercarte a tu red o grupo de amigos o colegas. Ellos pueden darte perspectiva y ayudarte a trazar tu propio mapa de caminos que se bifurcan, dentro de tu exploración laboral y personal.

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En estos procesos de cambio es importante observar cuáles son las implicaciones de migrar de un formato a otro. Estar atentos a lo que se pierde y lo que se gana en las traducciones de una cultura a otra. Si las instituciones fueron el principal organizador de nuestra sociedad durante décadas, ¿qué pasa ahora que las instituciones están en crisis y el individuo debe arreglárselas para encontrar su propio sentido? Para muchos esta es una maravillosa noticia; para otros, no tanto.

Estos nuevos esquemas no son ni mejores, ni peores; simplemente requieren de habilidades distintas y una etapa de ajuste en la que debemos ser pacientes con nosotros mismos. Si bien es cierto que las economías emergentes ofrecen mayor libertad; es importante estar conscientes de qué implicaciones tiene para nuestra vida diaria y qué podemos hacer para estar mejor preparados… y sacarles el provecho.