El poder de elegir

Tradicionalmente las ciencias exactas y las ingenierías han sido estudiadas por hombres. En la era primitiva las mujeres y hombres desarrollaron habilidades para realizar actividades segregadas porque así lo exigió su entorno. Afortunadamente los tiempos de perseguir mamuts quedaron extintos con ellos. Hoy sabemos que esos roles primitivos son completamente obsoletos para la sociedad moderna, y que ambos podemos elegir cualquier campo de estudio, independientemente de nuestro género.

La participación de la mujer en las disciplinas científicas y tecnológicas ha complementado el conocimiento porque tenemos un forma distinta de percibir y estudiar al mundo que nos rodea. Sin embargo, aunque el 48% de los doctorados en México los obtienen mujeres, sólo representamos el 33% de los investigadores activos. Este porcentaje disminuye aún más conforme se avanza en la carrera de investigación científica, donde sólo representamos el 20% del total.

mujeres científicas

Hay varios factores que pueden limitar a la mujer en la investigación científica de los que quizá hablaré en otra ocasión. Pero en mi experiencia el más importante, y no sólo en la Ciencia, es con quién trabajas.

He tenido la fortuna de tener como mentores a grandes seres humanos que han sabido valorar mi inteligencia, y me han apoyado e impulsado en mi carrera como investigadora. También en el camino he tenido que negarle mi colaboración a personas que no fueron compatibles con mis valores humanos.

En la vida, incluida el área profesional, tomamos decisiones constantemente. No siempre son disyuntivas complejas, a veces sólo se trata de tener nuestras prioridades muy claras. Otras, es un poco más complejo.

Cuando decidí buscar un asesor de doctorado para presentar un anteproyecto ante el comité de posgrado, mi asesor de licenciatura me recomendó con un investigador mexicano muy prestigiado. Además de esta recomendación descubrí que en el mismo instituto, y en el mismo piso, estaba el laboratorio del científico por el que yo había decidido estudiar Neurociencias a los 14 años. Con estas opciones se abrió mi panorama pero antes tenía que obtener más información para poder elegir.

Entonces empecé por contactar a uno de sus estudiantes que me dio un recorrido por su laboratorio. Durante mi visita me platicó sobre su experiencia en ese laboratorio y en su doctorado, mientras yo le contaba mi historia y lo llenaba de preguntas.

Él me aseguró que su asesor me aceptaría como estudiante de doctorado por mi perfil profesional. Desgraciadamente, también me platicó del poco apoyo que les ofrecía a los estudiantes para ir a congresos, de sus largas jornadas “laborales”, de lo mucho que extendía la estancia de sus estudiantes en el doctorado, y sumado a esto, las personas no hablaban muy bien de su interacción con las mujeres.

toma de decisiones

En ese momento la línea de investigación de este laboratorio me interesaba más que la del investigador al que fui recomendada originalmente, así que llegó el momento de tomar una decisión. Evalué que como científico es fácil enamorarse de casi cualquier fenómeno natural y que podría retomar el tema que me interesaba en otro punto de mi carrera. En cambio, realizar una investigación con un asesor al que no le interesa promover a sus estudiantes como investigadores y parece usarlos como mano de obra, podría truncar mi carrera para siempre. En esa ocasión le di prioridad a la persona que guiaría mi proyecto antes que al proyecto en si.

Ahora elegí dejar de lado la vida académica para incursionar en el sector privado. Actualmente, la mayoría de los PhDs no encuentran oportunidades prometedoras en la academia. La buena noticia es que cada vez más empresas buscan contratar a PhDs para puestos estratégicos, principalmente por nuestra habilidad para aprender. Siguiendo la tendencia, las investigadoras en el sector privado estamos subrepresentadas con un 28%.

Los PhDs creemos que sólo podemos servir en la academia. Además del reto de vencer esta creencia, las mujeres tenemos que buscar a esas personas del sector privado, progresistas, que saben que no pueden perderse de un 50% potencial de talento. La diversidad se traduce en ganancias y prosperidad de todo tipo, no sólo desde el punto de vista humano que nos llama a ser incluyentes, sino desde el punto de vista estadístico que arroja resultados muy positivos.

Es importante saber que en todo momento, en cualquier punto de nuestra carrera, tenemos el poder de elegir. Muchas veces pareciera que las personas progresistas no existen, pero cuanto antes en nuestra carrera las busquemos, más temprano estaremos en una red que habilite nuestro crecimiento. Elijamos vincularnos con personas que favorezcan nuestro entorno, y eventualmente los frutos los cosecharemos todos como sociedad.

Semblanza

Fernanda Monjaraz se ha dedicado por más de 10 años a la investigación científica, enfocada principalmente en los sistemas sensoriales. Cuenta con una Licenciatura en Neurociencias y una especialidad en Ingeniería Computacional por Washington State University (WSU), y con un doctorado en Ciencias por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Actualmente está incursionando en el sector privado para el desarrollo de un laboratorio de Inteligencia Artificial.